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Nuestros cuerpos heredan de nuestros antepasados parte de su forma; nuestro carácter, los traumatismos sufridos, nuestra historia personal, van dejando huella. Por otra parte, movimientos o gestos repetidos se van "solidificando" dejando marca en nuestro cuerpo.

A partir de todas estas influencias cristaliza algo así como un patrón básico del cuerpo. Si consideramos ésta relación crítica más allá de la gravedad y la geometría, esto significa que el aspecto de nuestro cuerpo es la expresión exterior de lo que acontece tanto en nuestro interior como en la relación de nosotros con el mundo que nos rodea.

El Rolfing® actúa manipulando las fascias (una variedad de tejido conectivo). Dichas fascias envuelven, separan y sostienen músculos y órganos manteniendolos en su lugar. Forman una red contínua por todo el cuerpo y tienen la propiedad de conservar cualquier postura que el cuerpo adopte.

Ayudan a mantener posturas equilibradas, pero también reflejan y perpetúan tensiones y desequilibrios y mantienen el cuerpo en actitudes incómodas o que limitan ciertos movimientos.

La doctora Rolf aportó otro descubrimiento fundamental: ésta red de fascias puede manipularse para devolverle al cuerpo una forma ordenada. El arte del “rolfer”® (profesional que imparte Rolfing®) consiste en poner orden en la gran variedad de tensiones que podemos sentir en el cuerpo, cambiando la configuración habitual para llevar al cuerpo a una situación de auténtico equilibrio.

Le dio importancia a las fascias en lugar de a los músculos, como si al mirar una naranja, se le diera más énfasis a la piel en lugar de a la pulpa.

Este tejido conectivo responde a influencias mecánicas y químicas con cambios permanentes en la configuración corporal. Esta propiedad es la que permite que determinadas fuerzas, actuando repetidamente sobre el organismo, dejen huella permanente: el cuerpo desvía su configuración y luego está obligado a acomodarse permanentemente a ella. Pero si las influencias externas dejan rastros permanentes en la estructura del cuerpo, es de suponer que el proceso pueda invertirse para volver a dar al organismo una orientación positiva.

Así, esta técnica de integración estructural, trata de cambiar la configuración “habitual” para llevar al cuerpo a una situación de auténtica equilibrio.

Los resultados del Rolfing son tan variados como las personas que lo reciben. En general el cuerpo se siente más ligero, como si fuera empujado hacia arriba; las articulaciones se liberan y los movimientos se hacen más fáciles y con menor desgaste de energía.

Es adecuada para todas las edades.

 

 

Foto de fascia en disección

 

Un tejido elástico sometido a la acción de fuerzas de tracción transmite la tensión en diferentes direcciones y sobre amplias zonas

 

 
 
 
 
Rolfing®, Rolfer® y el “Little boy logo” son marcas registradas por The Rolf Institute Boulder CO (EE.UU.)
Sólo los profesionales formados y acreditados por dicho instituto pueden impartir dicha técnica.